Endometriosis en adolescentes: lo que ninguna ginecóloga te dijo sobre el dolor menstrual

Cuando duele tanto que no puedes ir al colegio. Cuando el ibuprofeno no hace efecto y pasas los primeros días de la menstruación en cama. Cuando la profesora te dice que “todas las chicas pasan por esto” y tú sabes que no es igual. Cuando la ginecóloga te receta el tercer anticonceptivo diferente y el dolor sigue ahí.

La endometriosis en adolescentes es diferente. No solo por la edad, sino porque las lesiones son distintas, los síntomas se camuflan con la normalidad, y el diagnóstico se retrasa más que en ningún otro grupo. Hasta 12 años pueden pasar entre el primer dolor y el diagnóstico.

No es un “dolor de menstruación normal”

La endometriosis afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en edad reproductiva. Pero en adolescentes, la cifra real es desconocida porque muchas nunca son diagnosticadas. Los estudios muestran que, entre las adolescentes con dolor pélvico crónico que no responde a los tratamientos convencionales, la endometriosis está presente en hasta el 75% de los casos.

Un estudio publicado en 2023 en la revista Fertility and Sterility, con 371 adolescentes de entre 12 y 25 años, encontró que el 35.3% de las que tenían dismenorrea severa presentaban signos ecográficos de endometriosis. Eso significa que más de una de cada tres adolescentes con dolor menstrual intenso puede tener endometriosis.

Pero el problema es que la mayoría de las adolescentes no consultan. Porque han aprendido que el dolor menstrual es parte de ser mujer. Porque los adultos les dicen que “es normal”. Porque el sistema educativo no habla de esto.

La endometriosis en adolescentes no se parece a la de adultas

Esta es una de las diferencias clave que la mayoría de los médicos desconocen. La endometriosis en adolescentes tiene características propias:

Lesiones más activas y dolorosas:  las lesiones suelen ser rojas, claras o vesiculares. Son lesiones “jóvenes”, con mucha vascularización y actividad metabólica. Producen más inflamación y, paradójicamente, más dolor que las lesiones más viejas y fibrosas de las adultas.

Estadios iniciales: muchas adolescentes se diagnostican en estadio I o II (leve a moderado). Pero eso no significa que la enfermedad sea leve. El dolor no se correlaciona con el estadio. Una adolescente con estadio I puede tener un dolor incapacitante.

Síntomas atípicos. El dolor menstrual es el más común, pero las adolescentes tienen más síntomas gastrointestinales y urinarios que las adultas: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, dolor al orinar. Un estudio de 2018 de la Universidad de Harvard encontró que el 56% de las adolescentes con endometriosis tenían al menos un síntoma gastrointestinal antes del diagnóstico.

Ausencia de endometriomas. A diferencia de las adultas, las adolescentes raramente tienen quistes grandes en los ovarios (endometriomas). Por eso, la ecografía abdominal suele ser normal. Y una ecografía normal no descarta la endometriosis.

El retraso diagnóstico en adolescentes es un problema de salud pública

El tiempo medio entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico de endometriosis es de 6 a 12 años. En las adolescentes, este retraso es aún mayor. Un estudio de 2019 con 4.334 mujeres con endometriosis diagnosticada quirúrgicamente encontró que el 63% había consultado al menos a tres médicos antes de obtener un diagnóstico.

Las razones de este retraso son específicas de la adolescencia:

  • Normalización del dolor. La sociedad enseña que la menstruación duele. Las adolescentes crecen escuchando que “es normal”. Y cuando duele mucho, piensan que es su culpa por no aguantar.
  • Falta de formación médica. Los médicos de atención primaria y muchos ginecólogos no piensan en endometriosis en adolescentes. Asocian la enfermedad con la infertilidad y la edad adulta.
  • Dificultad para las pruebas. La ecografía transvaginal no siempre es aceptable para una adolescente que no ha tenido relaciones sexuales. Y la laparoscopia, el “gold standard”, es una cirugía que da miedo.
  • Síntomas superpuestos. Los síntomas de la endometriosis se confunden con el síndrome de intestino irritable, la cistitis intersticial, los trastornos de la alimentación o incluso problemas psicológicos.

¿Cómo saber si es endometriosis y no “dolor de la menstruación”?

No existe una prueba única. El diagnóstico se basa en la combinación de varios elementos:

La historia clínica es lo más importante

El médico debe preguntar cosas que muchas veces no se preguntan:

  • ¿A qué edad tuviste tu primera menstruación? (menarquia temprana, antes de los 12 años, es un factor de riesgo)
  • ¿Cuándo empezó el dolor? ¿Fue desde la primera menstruación o apareció después?
  • ¿Qué días del ciclo duele? ¿Solo durante la menstruación o también en otros momentos?
  • ¿El dolor te impide hacer actividades cotidianas, como ir al colegio o hacer deporte?
  • ¿Has probado ibuprofeno o anticonceptivos? ¿Han funcionado?
  • ¿Alguien en tu familia tiene endometriosis? (el riesgo es 6 veces mayor si una hermana o madre la tiene)

Señales de alarma

La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) y el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) señalan que estas características deben hacer sospechar endometriosis en una adolescente:

  • Dismenorrea severa desde la primera menstruación o que empeora con el tiempo.
  • Dolor que no responde a ibuprofeno o a anticonceptivos orales.
  • Ausentismo escolar por el dolor (más de uno o dos días al mes).
  • Síntomas gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento) durante la menstruación.
  • Síntomas urinarios (dolor al orinar, necesidad frecuente) durante la menstruación.
  • Dolor con las relaciones sexuales (en adolescentes sexualmente activas).
  • Antecedentes familiares de endometriosis.

Pruebas de imagen en adolescentes

Ecografía transabdominal (ETA): es la primera prueba. Pero tiene limitaciones. Puede detectar quistes grandes, pero no las lesiones pequeñas que son típicas de las adolescentes. Una ecografía normal no descarta la endometriosis.

Ecografía transvaginal (ETV) o transrectal (ETR): son mucho más precisas. Pueden detectar lesiones en los ligamentos uterosacros, en el fondo de saco de Douglas y en el intestino. Si la adolescente no ha tenido relaciones sexuales, se puede hacer una ecografía transrectal, que es igual de precisa y menos incómoda.

Un estudio del equipo de la doctora Caterina Exacoustos (Universidad de Roma Tor Vergata) demostró que la ecografía realizada por expertos puede detectar endometriosis en adolescentes con una precisión similar a la laparoscopia. La clave es que el operador tenga experiencia específica en endometriosis.

Resonancia magnética (RM): es una prueba complementaria. Es especialmente útil para detectar endometriosis infiltrante profunda y adenomiosis. No es la primera opción por su coste, pero puede ser muy útil en casos dudosos o cuando la ecografía no es concluyente.

La laparoscopia: cuándo y por qué

La laparoscopia sigue siendo el “gold standard” para el diagnóstico definitivo. Pero en adolescentes, ha cambiado el enfoque. Ya no se usa “por si acaso”. Las guías actuales recomiendan:

  • No hacer laparoscopia solo para diagnosticar, especialmente si los síntomas no son severos.
  • Probar primero el tratamiento médico durante 3 a 6 meses.
  • Reservar la laparoscopia para los casos que no responden al tratamiento médico, los quistes grandes (>3-4 cm) o la sospecha de complicaciones.

En la laparoscopia, estas lesiones en adolescentes suelen ser rojas, claras o vesiculares. Es importante que el cirujano conozca este aspecto, porque si busca las lesiones típicas de las adultas (azules o negras), puede pasarlas por alto.

El tratamiento en adolescentes es diferente

El tratamiento de la endometriosis en adolescentes tiene tres objetivos: aliviar el dolor, frenar la progresión de la enfermedad y preservar la fertilidad futura.

Tratamiento médico: primera línea

Anticonceptivos orales combinados (AOC): son el tratamiento de primera línea. Se recomienda usarlos de forma continua (sin la semana de descanso) para suprimir la menstruación y el dolor. Un estudio de 2005 demostró que un AOC de baja dosis (etinilestradiol 20 mcg + levonorgestrel 100 mcg) era más efectivo que placebo para controlar el dolor.

Progestágenos: el dienogest (2 mg/día) es eficaz y bien tolerado en adolescentes. Un estudio (VISADO) con 52 semanas de tratamiento demostró que reduce significativamente el dolor. Sin embargo, puede disminuir la densidad ósea, que se recupera al suspender el tratamiento. Por eso, en adolescentes se recomienda monitorizar la densidad ósea si el tratamiento se prolonga más de un año.

DIU de levonorgestrel: es una opción en adolescentes sexualmente activas. Es especialmente útil si hay adenomiosis asociada. Un estudio de 2025 mostró que las adolescentes que combinaban el DIU con anticonceptivos orales tenían mejor adherencia al tratamiento.

Tratamiento quirúrgico: casos seleccionados

La cirugía se reserva para:

  • Quistes de ovario grandes (>3-4 cm) o que crecen.
  • Dolor que no responde al tratamiento médico.
  • Sospecha de complicaciones (como torsión de ovario).

Es importante que la cirugía sea conservadora: preservar el tejido ovárico y evitar el daño a la fertilidad futura. Un estudio de 2011 mostró que la recurrencia después de la cirugía en adolescentes es del 40-50% a los 5 años, por lo que el tratamiento hormonal postoperatorio es fundamental.

Segunda línea: análogos y antagonistas de GnRH

Los análogos y antagonistas de GnRH se usan solo si otros tratamientos fallan. En adolescentes, se recomienda con “terapia de reemplazo” (add-back) para evitar la pérdida de densidad ósea. Un estudio de 2017 demostró que la terapia de reemplazo con noretisterona y estrógenos conjugados mejora la calidad de vida sin empeorar el estado de ánimo.

El impacto psicológico y social: no es solo dolor físico

La endometriosis en adolescentes no solo duele físicamente. También tiene un gran impacto emocional y social.

Ausentismo escolar: las adolescentes con dismenorrea severa faltan al colegio. Un estudio de 2025 mostró que las adolescentes con endometriosis tienen más absentismo que las que no tienen la enfermedad. Y el absentismo se asocia con peor rendimiento académico.

Aislamiento social: el dolor obliga a perderse eventos, salidas con amigas, actividades deportivas. Las adolescentes se sienten fuera del grupo.

Ansiedad y depresión: el dolor crónico y la falta de diagnóstico generan estrés. Un estudio de la Universidad de Queensland (2016) encontró que las adolescentes con endometriosis tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar distrés psicológico moderado a severo.

Estigmatización: la idea de que el dolor menstrual “es normal” hace que las adolescentes se sientan incomprendidas. Sus amigas, sus profesores, incluso sus padres, pueden no entender por qué no pueden hacer cosas normales.

Qué hacer

  • No minimices el dolor. No es “exageración”. Es una enfermedad.
  • Busca apoyo psicológico si es necesario. Un profesional puede ayudar a manejar la ansiedad y el estrés.
  • Háblalo con tus amigos y profesores. Ellos necesitan entender que no es una excusa.
  • Busca grupos de apoyo. Hay muchas adolescentes en la misma situación.

¿Qué hacer si crees que tienes endometriosis?

Si eres adolescente o madre de una adolescente y reconoces estos síntomas, esto es lo que puedes hacer:

1. Lleva un diario de síntomas. Anota cuándo duele, cuánto duele (en una escala del 0 al 10), qué días del ciclo, y si el dolor te impide hacer actividades. Esto ayuda al médico a entender el patrón.

2. No aceptes “es normal” como respuesta. Si un médico te dice que es normal, busca una segunda opinión. La dismenorrea severa no es normal.

3. Busca un centro especializado. No todos los ginecólogos tienen experiencia en endometriosis en adolescentes. Pregunta por un centro de referencia.

4. Pide una ecografía con experto. Una ecografía transvaginal o transrectal realizada por un operador con experiencia en endometriosis es mucho más precisa.

5. No tengas miedo al tratamiento hormonal. Los anticonceptivos orales o los progestágenos son seguros y efectivos en adolescentes. Pueden aliviar el dolor y frenar la progresión de la enfermedad.

6. No te rindas. El diagnóstico puede llevar tiempo, pero hay tratamiento. La endometriosis no tiene cura, pero se puede controlar.


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