Te duele la pelvis. Te duele la espalda. Te duele la pierna. Te duele tener relaciones sexuales. Te duele ir al baño. Y además de todo eso, te duele la cabeza. No de un dolor físico, sino de esa niebla mental que no te deja concentrarte, de esa tristeza que no sabes de dónde viene, de esa ansiedad que te agarra sin previo aviso. La relación entre endometriosis y depresión no es casualidad: la ciencia ha demostrado que van de la mano.
Después de todo eso, aparece el pensamiento: “¿será que estoy exagerando?”, “¿será que todo esto está en mi cabeza?”.
No, no está en tu cabeza, o mejor dicho, sí está ro no en el sentido que crees. La endometriosis afecta la salud mental y la ciencia lo ha demostrado.
¿Es la endometriosis una enfermedad mental? No, pero…
La endometriosis es una enfermedad física. Es inflamación crónica. Es tejido endometrial fuera de lugar. Es dolor pélvico, dismenorrea, dispareunia. Pero la endometriosis también es una enfermedad que afecta profundamente a la salud mental.
No es que la endometriosis “cause” depresión o ansiedad de forma directa. Sin embargo, vivir con dolor crónico, con diagnósticos tardíos, con médicos que no te creen, con tratamientos que no funcionan, con una enfermedad que interrumpe tu vida una y otra vez… todo eso pasa factura.
Una revisión sistemática publicada en 2025 en la revista Archives of Medical Science, que analizó nueve estudios con más de 288.000 mujeres, encontró que las mujeres con endometriosis tienen casi tres veces más riesgo de desarrollar depresión y ansiedad que las mujeres sin la enfermedad.
Lo que dice la ciencia: cifras que no puedes ignorar
Los números son contundentes, no porque quieran asustarte, sino porque ponen nombre a lo que muchas mujeres ya sienten pero no se atreven a creer.
Un estudio de la Universidad de Yale, publicado en 2023 en la prestigiosa revista JAMA Network Open, analizó a más de 8.000 mujeres con endometriosis y las comparó con 194.000 mujeres sin la enfermedad. El resultado fue claro: las mujeres con endometriosis tenían 3.61 veces más probabilidades de tener depresión que las mujeres sin endometriosis. Este dato se mantuvo incluso después de ajustar por edad, índice de masa corporal, nivel socioeconómico y otras enfermedades. No era una casualidad. No era “porque estaban estresadas”. Era una asociación real, medible y significativa.
El mismo estudio encontró que el riesgo de ansiedad era 2.61 veces mayor en mujeres con endometriosis. Además, observaron un riesgo 2.94 veces mayor de trastornos de la conducta alimentaria. No eran tres problemas separados. Eran tres formas en las que la enfermedad se manifestaba en la mente de quienes la padecían.
Pero si esos números te parecen grandes, espera a ver los de Suecia. Un estudio publicado en 2020 en el American Journal of Obstetrics and Gynecology analizó los registros de más de 850.000 mujeres. Aquellas que tenían endometriosis presentaban un 89% más de riesgo de depresión y un 82% más de riesgo de ansiedad. Prácticamente el doble.
Y aquí viene lo que cambia la conversación. El mismo equipo de la Universidad de Yale que hizo el primer estudio, liderado por la doctora Dora Koller y el doctor Renato Polimanti, demostró que esta asociación no es solo “por el dolor”. De hecho, hay una base genética compartida. Es decir, existe una conexión biológica entre la endometriosis y los trastornos del estado de ánimo que va más allá de la experiencia del dolor. No es que el dolor te deprima. Es que tu cuerpo tiene una predisposición a ambas cosas. La endometriosis y la depresión comparten caminos en el cerebro.
Eso no significa que el dolor no importe. Importa muchísimo. Pero significa que lo que sientes no es “cosa tuya”. No es falta de fortaleza. No es exageración. Es biología.
¿Por qué ocurre? Las razones biológicas y emocionales
La relación entre endometriosis y salud mental no tiene una única explicación. Es una combinación de factores que se alimentan entre sí.
El dolor crónico
El dolor es el principal factor que explica la conexión entre endometriosis y salud mental. No es que el dolor “te ponga triste” y ya está. El dolor crónico cambia la forma en que el cerebro procesa la información, incluyendo cómo percibe el dolor y cómo regula las emociones.
Un estudio publicado en 2022 en el European Journal of Pain analizó 27 estudios y encontró que la ansiedad y el dolor estaban estrechamente relacionados en mujeres con endometriosis. El mismo estudio señaló que la depresión, la ansiedad y el estrés estaban asociados con peor calidad de vida. Y algo importante: el dolor no se correlaciona con la extensión de las lesiones. Puedes tener endometriosis en estadio I y un dolor incapacitante. O estadio IV y poco dolor. La relación entre el dolor y el cerebro no es proporcional al tamaño de las lesiones.
Un estudio de la Universidad de Yale, publicado en 2023 en JAMA Network Open, fue más lejos. Demostró que la asociación entre endometriosis y depresión no es solo “por el dolor”. Hay una base genética compartida. Es decir, existe una predisposición biológica a tener ambas cosas. Pero el dolor sigue siendo el desencadenante principal: las mujeres con endometriosis y dolor crónico tienen muchas más probabilidades de desarrollar depresión que las que tienen endometriosis sin dolor.
Un estudio sueco con más de 850.000 mujeres, publicado en 2020 en el American Journal of Obstetrics and Gynecology, encontró que el dolor era el factor que más se asociaba con la aparición de depresión y ansiedad en mujeres con endometriosis. No era la infertilidad, no era el estadio de la enfermedad. Era el dolor.
En una revisión publicada en 2024 en BMC Women’s Health, que analizó 15 revisiones sistemáticas, el dolor aparecía como el principal determinante de la peor calidad de vida en mujeres con endometriosis. Y las mujeres con dolor crónico tenían tasas de depresión mucho más altas que las mujeres sin dolor, incluso teniendo endometriosis.
Los mecanismos son varios. El dolor crónico activa el sistema nervioso de forma constante. Eso genera estrés, agota los neurotransmisores y altera la regulación emocional. El dolor también interrumpe el sueño, y la falta de sueño empeora la ansiedad y la depresión. Y el dolor limita la vida cotidiana, lo que genera aislamiento, pérdida de autonomía y frustración.
En resumen: el dolor no es “una molestia”. Es el motor que impulsa gran parte del sufrimiento psicológico asociado a la endometriosis. Y entender eso es clave para dejar de sentir que la depresión es “cosa tuya”.
La inflamación
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria. Eso significa que tu cuerpo está constantemente lanzando señales de alerta. Como si tuvieras una alarma que no para de sonar. El problema es que esas señales de alerta no se quedan solo en la pelvis. Viajan por todo el cuerpo. Y llegan al cerebro.
El cerebro tiene un sistema de protección muy estricto. Se llama barrera hematoencefálica. Podríamos imaginarlo como un guardia de edificio muy selectivo: solo deja pasar a las personas que viven en el edificio. Esa barrera está formada por células muy apretadas que filtran lo que puede entrar al cerebro. No deja pasar cualquier cosa, sólo lo que el cerebro necesita para funcionar.
Pero la inflamación crónica, la que genera la endometriosis, debilita a ese guardia. Empieza a dejar pasar cosas que no deberían. La inflamación constante va abriendo grietas en esa barrera.
¿Qué es lo que se cuela? Moléculas inflamatorias como la interleucina-6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa). Son sustancias que el cuerpo produce para combatir la inflamación, pero cuando están todo el tiempo activas, se vuelven un problema.
Una vez que estas moléculas atraviesan la barrera hematoencefálica y entran al cerebro, alteran a los mensajeros químicos que regulan el estado de ánimo: los neurotransmisores.
Uno de los más importantes es la serotonina. Es la que te hace sentir bien, la que regula el sueño, el apetito y la estabilidad emocional. Cuando la inflamación reduce la serotonina, aparece la tristeza, la ansiedad, el insomnio.
Otro es la dopamina. Es la que te da motivación, la que hace que las cosas te interesen. Cuando la inflamación la reduce, todo cuesta más. Levantarte, hacer cosas, sentir ganas de algo.
¿Por qué esto importa? Porque muchas mujeres con endometriosis sienten que están “bajoneadas” sin saber por qué. Se culpan a sí mismas. Piensan que es falta de carácter, que están exagerando. No es así, es la inflamación alterando la química de su cerebro, atravesando esa barrera que debería protegerlo.
Un artículo publicado en 2024 en Frontiers in Medicine describe esto como un “círculo vicioso”: la endometriosis causa inflamación. La inflamación contribuye a la depresión. Y la depresión empeora la inflamación. Es un bucle que se retroalimenta. Por eso tratar solo el dolor o solo la depresión no siempre funciona. Hay que abordar ambos porque están conectados.
La inflamación no es un concepto abstracto. Es una reacción química que está ocurriendo en tu cuerpo ahora mismo. Y parte de esa reacción está ocurriendo en tu cerebro, porque la barrera hematoencefálica, ese filtro que debería protegerlo, se ha debilitado.
Las hormonas
La endometriosis es una enfermedad que depende de los estrógenos. Esto significa que el estrógeno, la hormona que regula el ciclo menstrual y el crecimiento del endometrio, también alimenta las lesiones endometriósicas. Las células de la endometriosis producen su propio estrógeno, se autoabastecen y crecen sin control. Es como si tuvieran su propia fábrica de combustible.
Pero el estrógeno no solo actúa en el útero o en los ovarios. También afecta al cerebro. Y lo hace de varias formas.
Los estrógenos influyen en la producción y el funcionamiento de los neurotransmisores, que son los mensajeros químicos que regulan el estado de ánimo. Uno de los más importantes es la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad. La serotonina estabiliza el estado de ánimo, regula el sueño, controla el apetito y modera la ansiedad. Cuando los niveles de estrógeno fluctúan, como ocurre durante el ciclo menstrual, especialmente en mujeres con endometriosis, la producción de serotonina también se ve alterada. Bajan los niveles de serotonina y aparecen la tristeza, la irritabilidad, la ansiedad y los problemas para dormir.
Otro neurotransmisor afectado es la dopamina. La dopamina está relacionada con la motivación, el placer y la sensación de recompensa. El desequilibrio hormonal puede reducir su disponibilidad. Por eso muchas mujeres con endometriosis sienten que todo les cuesta más, que han perdido el interés por cosas que antes les gustaban, que la vida se ha vuelto gris.
Pero hay más. Las mujeres con endometriosis no solo tienen un problema de demasiado estrógeno o poco estrógeno. También tienen resistencia a la progesterona. La progesterona es la hormona que normalmente contrarresta los efectos del estrógeno, la que frena el crecimiento del endometrio y ayuda a mantener el equilibrio. En la endometriosis, ese mecanismo de freno no funciona bien. El cuerpo produce progesterona, pero las células endometriósicas no responden a ella como deberían. Esto se llama resistencia a la progesterona. El resultado es que el estrógeno queda descontrolado, sin su contrapeso natural.
Este desequilibrio hormonal no solo afecta al cuerpo. También afecta al cerebro. Los estudios han demostrado que las mujeres con endometriosis tienen niveles más bajos de serotonina y una función dopaminérgica alterada. Eso explica por qué la depresión y la ansiedad son tan frecuentes en esta enfermedad.
Un estudio genético publicado en 2023 en JAMA Network Open encontró que la endometriosis comparte bases genéticas con la depresión, la ansiedad y los trastornos de la conducta alimentaria. Eso significa que no es solo una cuestión de estar triste porque duele. Hay una conexión biológica real, una predisposición compartida entre la endometriosis y los trastornos del estado de ánimo. El desequilibrio hormonal es una de las vías a través de las cuales se expresa esa conexión.
Así que cuando sientes que tu estado de ánimo cambia sin motivo aparente, cuando la tristeza aparece sin que haya pasado nada, cuando la ansiedad te agarra sin previo aviso, no es que estés mal. Es que tus hormonas están desequilibradas. Y ese desequilibrio está afectando a la química de tu cerebro.
El diagnóstico tardío
El retraso en el diagnóstico es otra pieza del rompecabezas. Las mujeres con endometriosis esperan una media de 6 a 12 años desde el inicio de los síntomas hasta el diagnóstico. Durante esos años, el dolor se normaliza, los médicos no te creen y empiezas a dudar de ti misma. Eso no es algo que pase sin consecuencias.
Un estudio de 2011 encontró que el retraso en el diagnóstico se asociaba con una peor calidad de vida física. Una revisión de 2024 destacó que el diagnóstico tardío contribuye a la ansiedad y la depresión al prolongar el sufrimiento y la incertidumbre.
La infertilidad
Aproximadamente el 30-50% de las mujeres con endometriosis tienen dificultades para concebir. La infertilidad es una de las experiencias más estresantes que puede vivir una persona. Un estudio de 2024 en BMC Women’s Health encontró que las mujeres con endometriosis e infertilidad reportaban peor calidad de vida y más síntomas depresivos que las mujeres con infertilidad sin endometriosis.
El estigma: cuando los médicos no te creen
Una de las experiencias más dañinas para la salud mental de las mujeres con endometriosis es el estigma. El estigma de que “es normal”, de que “exageras”, de que “todo está en tu cabeza”.
Los médicos no siempre escuchan
Un estudio cualitativo de la Universidad de Washington, publicado en 2024 en BJOG, con 2.017 mujeres de 63 países, identificó tres temas recurrentes en las experiencias de diagnóstico.
Normalización. “El dolor menstrual es normal”, “esto es lo que toca por ser mujer”, “todas pasamos por esto”. Estas frases, dichas por médicos, familiares o amigos, hacen que las mujeres duden de sí mismas y retrasen la búsqueda de ayuda.
Incredulidad. “Estás exagerando”, “quieres atención”, “estás buscando excusas”. Algunas mujeres reportaron que los médicos las acusaron de buscar drogas cuando describían su dolor. Otras dijeron que les sugirieron que “todo estaba en su cabeza”.
Atributos personales. “Eres demasiado joven para tener endometriosis”, “si realmente tuvieras endometriosis, no podrías ni hablar”, “estás demasiado guapa para estar enferma”. Estas frases, aunque absurdas, son reales y dañinas.
El estigma no solo retrasa el diagnóstico. También daña la autoestima, aumenta la ansiedad y contribuye a la depresión. Un estudio de 2023 encontró que el estigma relacionado con la endometriosis se asociaba directamente con peor salud mental.
El impacto en la vida cotidiana
La endometriosis no es solo dolor. Es una enfermedad que interrumpe la vida.
Ausentismo laboral. Un estudio de 2017 encontró que las mujeres con endometriosis pierden una media de 5.3 horas de trabajo a la semana por no poder rendir al máximo. El impacto en la productividad es aún mayor.
Relaciones de pareja. Entre el 50% y el 56% de las mujeres con endometriosis admiten que la enfermedad afecta a su relación de pareja. En el 8-10% de los casos, la enfermedad contribuyó a una ruptura.
Vida social. El dolor y la fatiga obligan a cancelar planes, a aislarse, a perder contacto con amigos. Un estudio de 2016 encontró que las mujeres con endometriosis experimentan un aislamiento social progresivo.
Educación. Las adolescentes con endometriosis faltan más al colegio y tienen peor rendimiento académico.
Todos estos factores se suman, y contribuyen a la depresión y la ansiedad.
¿Qué hacer? Estrategias para cuidar tu salud mental
Si tienes endometriosis y estás luchando con tu salud mental, no estás sola. Hay cosas que puedes hacer.
Reconocer que no es tu culpa
Lo primero es entender que la depresión y la ansiedad no son un fracaso personal. No son “falta de fortaleza”. Son consecuencias de una enfermedad crónica, dolorosa y mal entendida. Tener endometriosis ya es bastante difícil. No te añadas la culpa encima.
Buscar apoyo psicológico
La terapia puede ayudar. Un estudio de 2019 encontró que las mujeres con endometriosis que usaban estrategias de afrontamiento positivas tenían menos depresión, estrés y dolor pélvico. La terapia cognitivo-conductual (TCC) ha demostrado ser eficaz para manejar el dolor crónico y la depresión asociada.
La terapia no es un lujo. Es una herramienta.
Considerar la medicación si es necesaria
Si la depresión o la ansiedad son severas, la medicación puede ser necesaria. Habla con tu médico. No es una debilidad. Es un tratamiento como cualquier otro.
Moverse
El ejercicio no es una cura, pero ayuda. El ejercicio moderado reduce la inflamación y mejora el estado de ánimo. No tienes que correr un maratón. Caminar, nadar, hacer yoga… cualquier movimiento es mejor que ninguno.
Conectar con otras mujeres
El aislamiento es uno de los peores efectos de la endometriosis. Las mujeres que se sienten solas tienen peor salud mental. Busca grupos de apoyo, online o presencial. Habla con otras mujeres que entiendan lo que estás pasando. Saber que no estás sola ayuda.
Educarte
El conocimiento es poder. Cuanto más entiendas tu enfermedad, menos miedo te dará. Y menos vulnerable te sentirás. Pero cuidado con la información de mala calidad. Busca fuentes fiables.
Practicar la autocompasión
Un estudio de 2023 encontró que las mujeres con endometriosis que tenían niveles más altos de autocompasión (ser amables consigo mismas) tenían mejor calidad de vida. Trátate como tratarías a una amiga en tu situación.
Cuándo buscar ayuda profesional
Si tienes pensamientos suicidas, busca ayuda inmediata. Llama a una línea de crisis, ve a urgencias o contacta con un profesional de la salud mental.
Si llevas semanas o meses sintiéndote triste, vacía, sin energía, con problemas para dormir o concentrarte, o si la ansiedad interfiere en tu vida diaria, busca ayuda profesional. La terapia y, si es necesario, la medicación pueden marcar la diferencia.
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